Archivo por meses: septiembre 2016

Espontaneidad

Viva el desorden, el triunfo de la espontaneidad

Hay un dicho africano: “Si eres yedra, trepa; si eres león ruge; si eres oveja, bala” nos habla de nuestra identidad. Nos dice que nuestro espacio en el Universo no depende mucho de nuestras capacidades sino de nuestra identidad y de nuestra tendencia.

Pero ¿podríamos vivir sin buscar nuestros objetivos y solo buscando nuestra tendencia y dejándola trabajar?

¿Cuantos de los que conocemos, pueden decir que han descubierto su tendencia, su verdadera e íntima aspiración? Cuantas veces me he encontrado con gente que me dice: “He trabajado duro toda mi vida y hoy, finalmente, me puedo dedicar a mis hobbies. Juego a Golf o a lo que sea tres veces a la semana. No me interesa si gano menos, ahora me toca dedicarme a mí mismo”. Discursos como este los escucho todos los días, de parte de gente que ha llegado a tener éxito, hacer fortunas, y que cree que ya es el momento de dedicarse a lo que, aparentemente, les apasiona. ¡Qué triste! ¿Verdad? Trabajar como “cabrones” toda la vida para que, ya muy mayores, podamos permitirnos el lujo de hacer algo que nos gusta, que realmente nos apasiona.

La pregunta que a menudo me hacen es: ¿Cómo se puede descubrir la tendencia, nuestra autentica aspiración? Para poder realmente saberlo tenemos que olvidarnos de nuestros objetivos, de las metas. La tendencia no acepta ser segregada en espacios cerrados, en objetivos. No acepta trabajar en un banco, ser ama de casa, un ejecutivo de éxito, embajador o político. Para poderse expresar necesita la nada, la cabeza vacía. Tenemos que liberarnos de cosas materiales a las cuales, casi siempre dirigimos nuestros esfuerzos. No por nada, casi siempre tenemos las mejores ideas cuando no estamos trabajando en algo.

espontaneidad niñoA menudo estoy rodeado de niños. Viéndolos jugar con sus juguetes me doy cuenta de que su relación con el espacio es, a primera vista, lo que llamaríamos los mayores, “desorden”.

Y sus madres, padres: “Mete los juegos en orden, nos los dejes en el suelo, recoge todo”. Ordenes perentorios e inesperados. ¡Que rollo!

Me pregunto por qué los niños una vez que han acabado de jugar no tienen ninguna gana de ordenar sus juguetes. ¿Y si para ellos el juego no hubiera terminado? Los niños de repente, dejan todo en el suelo, dan un paseo, se van a comer, hacen otras mil cosas y vuelven, de repente todo en el suelo, sigue igual, como si el juego no hubiera terminado. Está claro que su idea del orden no tiene nada que ver con la nuestra. Los niños tienen una idea inmortal del juego. Para nosotros poner orden es acabar con algo. Ellos no tienen la misma idea del tiempo y del espacio. En realidad el juego es mágico por qué no está sometido a las reglas.

En mis sesiones de coaching, a menudo, aconsejo meter un poco de desorden en la vida. Solo un poco de desorden rompe con nuestra historia, con nuestro día a día tan ordenado, tan encorsetado, tan estructurado por los eventos que hemos vivido en nuestra vidas. En realidad de mayores podemos volver a jugar de verdad solo si nos libramos un poco de nuestros objetivos, de hacer todo con una finalidad.

Daros cuenta que cuanto más envejecemos, somos cada vez más ordenados porque nos alejamos de nuestra unión con nuestro yo íntimo que, sin embargo en los niños está fuertemente presente. Cuanto más mantenemos nuestra mente abierta en nuestra vida, podremos mantener la relación con nuestro niño interior, con nuestra verdadera naturaleza. El orden es “finito”, el desorden “infinito” forma parte de la naturaleza. Por eso yo estoy muy alejado de que me confundan con los psicólogos que NUNCA se ocupan de la naturaleza, todo lo contrario, intentan ordenar todo, encontrar una justificación a todo. La psicoterapia debería ser una vía muy privilegiada para encontrar aquellos códigos de la vida que nos ayuden a ser más felices. Sin embargo cuanto más miro alrededor, me doy cuenta que los psicólogos y psicoterapeutas se han vuelto como unos fontaneros de la existencia. Que en vez de arreglarnos la lavadora nos dan unos psicofármacos para solucionar nuestros problemas.

La vida es soberana, omnipotente, crea y recrea por si misma por todos los lados; solo dejando de buscar racionalidad y una justificación a todo, como los niños, podremos de nuevo vivirla con fluidez. Y es eso lo que busco cuando trabajo con directivos, políticos y empresarios que han perdido parte de su razón de vida, su idea de felicidad.

@Euprepiopadula

@Euprepiopadula