1

MÁS ALLÁ DEL DOLOR

Esa madrugada soleada de mayo me levanté con el corazón lleno de lágrimas y una llama en la mente que me avisaba, había llegado el momento. Bajé a la habitación donde mi madre agonizaba desde hacía días y solo en casa, casi por milagro, junto a ella empecé a hablarle como nana para sus oídos apagados para que pudiera descansar y dejar de sufrir. Apoyé mi cabeza al lado de la suya y acaricié su pelo como si fuera una niña recién nacida, mi niña. La nana más dolorosa de mi vida, los recuerdos de las muchas que había vivido a su lado.

Una luz, una extraña paz se adueñó de mis ojos y mi corazón desde entonces para guiarme. Una extraña felicidad. Saber que ya no sufría, que se habían acabado los llantos, sus gritos de dolor… Me dio tranquilidad. ¡se había acabado todo! Podía descansar con sus ángeles.

Cómo viví ese momento, es un ejemplo de cómo se puede afrontar una pérdida de un ser muy querido. Existen muchas maneras y casi todas válidas para pasar un duelo, la clave es que no nos trastoque demasiado nuestro día a día y que sume en nuestra serenidad, a pesar del dolor que suele lacerar nuestra alma.

La muerte es parte de la vida. Aceptarlo no elimina la sensación devastadora de ausencia pero nos lleva a aceptarla.

Ya desde pequeños comenzamos a tener contacto con la muerte a través de libros, la tele, películas pero solo cuando empezamos a perder a los que amamos a nuestro alrededor nos damos cuenta de lo que se siente y empezamos a saborear el sabor amargo de la ausencia y de la perdida. Por supuesto la religión, nuestro estatus social y también nuestro carácter influyen mucho en cómo vivimos ese trágico momento.

El duelo es la etapa posterior a la pérdida de una persona por la que sentimos un vínculo emocional, sea familiar, amigo, compañero y es clave y necesario para reorganizarnos sentimental y socialmente, aceptar el que la persona se ha ido y emprender un nuevo camino con dicha ausencia.

Mucho se ha escrito sobre cuáles son las etapas del duelo, aunque casi todos los expertos las resumen en estas cinco:

  1. Negación: en un primer momento no aceptamos la pérdida, no nos lo creemos, no nos ha dado tiempo a encajar la noticia.
  2. Ira: sustituimos la incredulidad por el resentimiento, por la rabia.
  3. Negociación: intentamos buscar una salida al hecho a través de la negociación, con Dios, con nosotros mismos, con nuestros seres queridos.
  4. Depresión y tristeza: nos invade la tristeza, el sentimiento de soledad.
  5. Aceptación. Ha pasado el tiempo sin la persona, tenemos nuevos proyectos, actividades, sueños. Le recordamos con añoranza, pero ya pensamos en nosotros y en el futuro.

Esta fases originariamente se establecieron para aquellos que esperan su propia muerte de forma inminente, pero se ha observado que son válidas para aquellos que sufrimos la pérdida de un ser cercano.

 

En mi caso personal, la primera etapa no existió, me había preparado día y noche para ese momento. La segunda etapa más que ira fue de culpabilidad, por no haberle dicho en más ocasiones lo mucho que le quería y por no haberla llevado a Venecia, uno de sus sueños y no haberle hablado claramente de mi homosexualidad, de mi amor. La tercera tampoco existió para mí, seguramente por mi carácter pragmático; en relación a la cuarta, la vivo en el día a día. No lucho contra la tristeza que me asalta de vez en cuanto, no busco huir de los momentos de melancolía. Hacen parte de mí y casi los saboreo con tranquilidad. Y la tengo más que aceptada. Siempre he sido muy optimista y no tener mi madre a mi lado me ha llenado aún más, si cabe, de esa locura de poder hacer en mi vida todo lo que siempre he soñado, es como si de alguna forma se lo debo, hoy más que nunca.

Lo más importante es no tener prisa, siempre hay fases que necesitamos pasar para superar nuestro drama y las resumiría en 8:

1- Deja pasar el TIEMPO. Necesitamos darnos ese tiempo para hacernos a la idea de la ausencia. No hay una receta, cada uno de nosotros necesita un tiempo diferente y no hay que luchar en contra.

2- Hablar de nuestros sentimientos. Sin miedo. Especialmente las personas más introvertidas tienen que hacer un esfuerzo para no vivir solos este momento.

3-Apóyate en los amigos. No estamos solos.

4-No hay que olvidar a la persona, NO ayuda nada. Yo siento mi madre cerca de mí siempre, más que nunca y miro sus fotos con una sonrisa.

5-Tenemos que seguir viviendo. Es un deber hacía las personas que nos rodean: hijos, padres, amigos, todos los que nos quieren y hacía la persona que nos ha dejado.

6-No ayuda tener miedo a la información de como ha ocurrido. En casos de muertes dramáticas hay una tendencia a proteger con mentiras y falta de datos. Es un error. La información nos lleva a entender lo que ha pasado, a darnos razones.

7-Acudir a las celebraciones. Personalmente es lo que más he odiado. Ese funeral eterno, esas esquelas en las paredes de casa, todas esa flores por todos los lados. Esa gente llorando y desconocida. A pesar de todo es un momento social necesario para compartir el dolor y la esperanza.

8-Hay que respetar la individualidad del duelo. El dolor no es único y cada persona tiene el derecho de vivirlo como buenamente puede.

 

No creo en el más allá, no imagino un paraíso donde mi madre se codee con sus hermanos y sus padres, muertos como ella. Pero si creo en las energías que las personas que queremos nos dejan. Es como si unos hilos de platas me ligan a ella en un diálogo diario. Mi madre siempre ha sido mi vida, la esencia de mi existencia y el recuerdo de su sonrisa contagiosa me acompañará más que nunca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>