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Empatía: altavoz de las emociones

Cuando es necesario expresar lo que llevamos dentro

Desde el viernes y a lo largo de todo el fin de semana de resaca de los terribles atentados de París hemos visto en todo el mundo el apabullante ejercicio de solidarizarnos con Francia y todos los que se han visto afectados directamente y personalmente por la terrible masacre. Un ejercicio mundial de empatía.

A lo largo de mi vida y en las muchas horas de coaching y trabajo con políticos, empresarios, directivos, o sencillamente viendo las relaciones sociales del día a día, me doy cuenta de la falta de empatía que hay en el mundo. La empatía es sin lugar a duda una de las cualidades más relevantes para tener éxito en la vida y ser feliz.

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¿Qué es la empatía?

¿Os acordáis de la película “Mejor Imposible”? Esta nos relata la relación entre Melvin, un excéntrico escritor con un trastorno obsesivo compulsivo y maravillosamente interpretado por Jack Nicholson, con una camarera y su vecino homosexual. El problema de comportamiento de Melvin le impide sentir cualquier atisbo de empatía por aquellos que le rodean. Su egoísmo es extremo y tan sólo se preocupa en satisfacer sus necesidades, sin tener en cuenta los sentimientos o necesidades de los demás, incluso llegándolos a ridiculizar. ¿Os recuerda a alguien conocido?

Durante un viaje, Melvin va dándose cuenta de que sus acciones tienen consecuencias emocionales en sus amigos y empieza a comprender los sentimientos ajenos. Como un niño pequeño aprende y descubre que amar es maravilloso.

La empatía es el ARTE de comprender las emociones de los demás

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de entenderlo, de tratar de comprender qué pasa por su mente, de comprender su visión de la realidad, su postura y sus opiniones libres de prejuicios. Es entender cómo y por qué el otro se siente así, pero no desde nuestra perspectiva sino intentando pensar como piensa él, con sus creencias, sus valores. NO es sentir lo que siente el otro, solo ponerse en su lugar.

“La capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano.” -A. Cury-

Hay personas que tienen esa facilidad natural, pero hay otras que son completamente incapaces de hacerlo. Pero no confundamos la empatía con otro concepto que si bien no es lo mismo, es una parte fundamental para que se produzca esta última: “El reconocimiento de emociones” como la tristeza, la alegría, el miedo, el enfado…

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Lógicamente, en este paso previo a la parte más cognitiva de la empatía, influyen muchas variables: la familiaridad que tenemos con la persona que tiene la emoción, nuestro grado de cansancio, su predisposición comunicativa, la educación que hemos recibido, el ambiente social donde hemos crecido, etc.

La empatía es la base del carisma y tiene su razón física en nuestras neuronas espejo, que reacciona con el otro según se comunica con nosotros. Un claro ejemplo es el comportamiento de la cajera de un supermercado, fíjate, verás que sonríe o pone mala cara según como se dirija a ella el cliente.

La empatía tiene muchos aspectos positivos: facilita la comunicación, el consuelo, la resolución de problemas, la asertividad, etc. Es IMPOSIBLE que nadie pueda de verdad triunfar en la vida sin empatía, es la base de unas relaciones sociales satisfactorias. Pero también tiene otro extremo, el negativo. Vivir continuamente dentro de los zapatos del mundo que no son los nuestros puede hacer que creemos una desconexión emocional con nosotros mismos que nos puede pasar una factura muy importante. Así, es bueno practicar y entrenar la acción mental de ponernos en el lugar del otro, pero sin olvidar que es el otro y sin quedarnos permanentemente allí.

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¿Cuándo demostramos empatía?

La empatía, si no la ponemos en práctica no sirve para nada. Dicho esto vamos a enumerar algunas ocasiones en la que podemos utilizarla:

  • Cuando escuchamos y comprendemos los sentimientos del otro sin estar tan pendiente de nosotros mismos y de nuestras palabras.
  • Cuando no sólo utilizamos las palabras para consolar. También un abrazo, una sonrisa un beso, una caricia, un gesto nos hace ser más empáticos.
  • Cuando estamos con alguien que tiene un problema y le ayudamos con sentido del humor y sentido común.
  • Cuando nos expresamos con cortesía, cariño, generosidad.
  • Cuando no mostramos gestos de aburrimiento e irritación, hacia lo que nos cuentan los demás, incluso si no nos interesa mucho.
  • Cuando hacemos un comentario, una broma, una critica que sabemos que va a molestar al otro.
  • Cuando con los niños y ancianos, usamos la comprensión y la generosidad para entenderlos conociendo su mundo.
  • Cuando ayudamos a resolver problemas y somos capaces de calmar a los demás, usando nuestra experiencia y distancia emocional con  los problemas del otro.

 ¿Cuándo no demostramos empatía? 

  • Cuando creemos que nuestros problemas son los únicos y los más importantes y graves que hay en el mundo.
  • Cuando no escuchamos a los demás.
  • Cuando juzgamos y hacemos comentarios hirientes.
  • Cuando nunca ofrecemos una sonrisa, un gesto amable, una palmadita en el hombro a los demás.
  • Cuando siempre que hacemos algo por los demás esperamos algo a cambio.

La falta de generosidad y amor que nos rodea, hace que nuestras vidas sean cada día más aisladas de la esfera emocional del otro. En todos los entornos domina el egoísmo.

Lo único que de verdad importa en la vida es la generosidad y el amor, y solo con la conciencia de esto, podemos tener interés por lo que siente el otro.