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5 consejos para disfrutar de la vida

Queridas amigas hoy he pensado oportuno hablar de cómo se puede disfrutar más de la vida. La razón es muy sencilla, muchas veces, a pesar de tener casi todo, no sabemos celebrar y disfrutar lo bueno que nos pasa en el día a día.

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¿Os ha pasado alguna vez que no habéis disfrutado de las vacaciones porque ya estabais pensando en lo que pasaría después? ¿O de haber trabajado muy duro en un proyecto complicado y llegados a su fin, con éxito, no lo habéis disfrutado pensando en lo complicado que sería su puesta en marcha? ¿Cuántas veces los miedos nos han bloqueado para trabajar y conseguir una meta, un sueño, un deseo?

Esto pasa mucho y nunca estamos completamente inmunizados contra la incapacidad de saber y poder disfrutar de lo que tenemos, sea lúdico o un reto. Sin embargo hay algunos trucos y consejos que os podrán ayudar a cambiar radicalmente la situación.

1- Para vivir bien en el presente hay que plantificar el futuro. Planificar no es lo mismo que controlar y no es hablar de detalles, es sencillamente saber cuál es el camino que queremos recorrer. El primer paso es saber lo que queremos, tener una meta. Con una meta bien definida tendremos logrado la mitad del camino.La gente que dice que “la vida no merece la pena” está equivocada porque lo que realmente están diciendo es que no tienen metas que valgan la pena. Fíjate una meta por la que vale la pena luchar sin parar. Ten siempre una lista de metas por alcanzar y cuando completes una lucha por la siguiente.

2- Para poder conseguir una meta necesitamos una brújula, un referente que nos indique si vamos por el buen camino y nos de la posibilidad de rectificar si nos hemos equivocados.

3- Tengamos presente a donde vamos antes de iniciar el camino. Debemos tener una imagen clara de nuestro futuro y visualizarla constantemente. Stephen Covey en su clásico “Lo 7 hábitos de la gente efectiva” lo llama empezar con el fin en la mente. Programar a la luz de nuestros valores y de nuestra misión hará que nos acerquemos a nuestro objetivo con menos rodeos, dejando de lado el lastre inútil que con otro modo de proceder iríamos acumulando sin darnos cuenta. Hay que proyectar de forma constante donde queremos llegar y esto nos ayudará a conseguirlo.

4-Debes aprender de los errores. Todos cometemos errores y es sabio aprender de ellos. No hay fracasos si no lecciones que aprender. Se aprende más de los errores que de los éxitos. Si no estás cometiendo errores es porque no te estás arriesgando lo suficiente. Siempre digo que, como Headhunter, nunca presento a mis clientes candidatos que no son capaces de decirme algún proyecto en el cual no hayan fracasado. No me gusta la gente que no ha tenido que enfrentarse a algún error y/o fracaso.

5- Si compartes las cuatro claves anteriores estás preparada para disfrutar y celebrar tus éxitos.

Nunca dejes de celebrar lo bueno que te pasa en la vida.. Lo has conseguido con tu esfuerzo y trabajo y, por lo tanto, hay que brindar por ello. No vivas nunca pensando que lo que consigas en la vida es un deber y por lo tanto no merece la pena gozar de ello. Hay que disfrutar día a día y vivir la vida en el presente para estar preparados para un futuro feliz.

Venús se ama a sí misma y la igualdad de género

Esta semana quiero hablaros de otro experimento que, al igual que el de la semana pasada, me ha hecho pensar. Se trata de una campaña creada por la marca Dove. Tras pedir a varias mujeres que anotaran los pensamientos que tienen sobre sí mismas, dos actrices reprodujeron en voz alta en un café las cosas que habían escrito. Muchas intervinieron para ver las crueldades que una le decía a la otra… pero la sorpresa viene cuando descubrimos que aquello que les parece tan malo, ellas se lo dicen a sí mismas.

Merece la pena ver el vídeo, podéis hacerlo aquí:  https://www.youtube.com/watch?t=11&v=3tM2Z0-zFcw

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Y es que muchas personas son mucho más duras consigo mismas que con cualquier otra. Este vídeo se refiere al físico, pero en el mundo laboral pasa lo mismo. Y especialmente les pasa a las mujeres. La sociedad ha hecho que se acostumbren tanto a cargar con el peso de un trabajo en casa y uno fuera de ella, a tener que estar siempre perfectas, ser exitosas… Les hemos hecho interiorizar esto de tal manera que está siendo dificilísimo ese camino hacia la verdadera igualdad que tantos deseamos. Quiero dejaros para reflexionar un fragmento de “El Coaching del Peluche Rosa” en el que hablo de una cena que compartí con mujeres excepcionales y de la que aprendí mucho. ¡Que lo disfrutéis!

Nos leemos pronto.

“Hoy día, la integración de la mujer en el mercado laboral es un proceso absolutamente irreversible. No es noticia encontrar directivas y renombradas especialistas en prácticamente todos los sectores de actividad económica. Eso sí: queda pendiente una sonrojante realidad en materia de diferencias salariales o la reclamación de romper los llamados “techos de cristal” que, en algunos casos, resultan más que evidentes.

Cabe pensar que aún no se han vencido por completo ciertas inercias. Aunque, eso sí, al menos en materia legal en España sí que se han producido avances importantes, como la Ley de Igualdad de Géneros y oportunidades aprobada en 2007, que ha contribuido a acelerar este proceso de normalización, consolidando conquistas irrenunciables en materia de equiparación de derechos y oportunidades.

En mi opinión, la situación ha evolucionado para bien de forma radical, y en solo veinte años, el atraso en materia de igualdad se ha revertido totalmente, convirtiendo a España un país que registra ratios de incorporación de la mujer superiores, por ejemplo, a los de Italia.

Últimamente la discusión se centra en la situación de la paridad en consejos de administración y puestos de máxima responsabilidad. ¿Cuál es la realidad en materia de selección de puestos directivos? Cuando me confían un proceso de búsqueda, ¿expresan mis clientes —implícita o explícitamente— preferencias en cuanto a contratar a un hombre o a una mujer? (Las invitadas de Fernanda empezaban a bullir en sus asientos ante la cuestión que yo había puesto sobre la mesa). Pues bien, continué, la respuesta es no, bien sea por ética o estética. Y debo decir que los resultados finales no contradicen esta afirmación. Cuando mis clientes son hombres, no suelen actuar con rechazo, prejuicio o inseguridad frente a una candidata siempre que sus calificaciones sean las adecuadas.

Ahora bien —y en este punto me metí conscientemente en un delicado jardín—, ¿qué ocurre cuando mi cliente es una mujer que, además, ha tenido que luchar duro para alcanzar un puesto de gran responsabilidad?

¿Tiene un nivel de exigencia similar al de un directivo hombre? ¿Se da una discriminación positiva en estos casos? ¡Ahí, señoras (quise enfatizar), la cosa cambia! Cabría esperar cierta solidaridad, cierta empatía natural entre mujeres, quizás injusta, aunque por otro lado comprensible, ¿verdad?

Pues ocurre todo lo contrario. Por mi experiencia, en múltiples ocasiones no en su mayoría, afortunadamente— nuestras clientas tienden a ser más exigentes, más duras, a la hora de valorar a una mujer respecto a un hombre. No me atrevo a afirmar con rotundidad cuáles son los motivos, pero me inclinaría a pensar que se debe a una insana competitividad o la concepción —por experiencia propia— de que la mujer tiene que estar aún mejor capacitada que el hombre para enfrentarse a una situación de desigualdad en la competencia diaria…

Para nuestra sorpresa, hemos percibido que, mientras por un lado los hombres empiezan a superar los prejuicios que tenían hacia sus colegas mujeres, entre ellas mismas comienzan a generarse inseguridades y reticencias, sean compañeras, subordinadas o jefas.

Soy consciente de que esta afirmación no es políticamente correcta y de que puede no gustar a muchos y muchas. Pero solo hablo de lo que personalmente he observado en mi experiencia profesional. Esta situación no se da por sistema, pero sí de forma recurrente y en todos los sectores por igual. De ese largo camino que queda por recorrer hasta la total integración, hay un trecho que deben hacer las mujeres. Deben reflexionar y plantearse si son ellas mismas las que realmente albergan prejuicios a la hora de valorar la aportación de otras mujeres y su valor añadido como profesionales. La integración de la mujer es cosa de todos y, por supuesto, de todas.

Mi alegato despertó miradas cómplices y algún que otro aplauso entre la concurrencia. Era evidente que por lo menos las trece mujeres que había en la mesa estaban de acuerdo conmigo y me invitaron a seguir hablando del tema.

Al lado de los problemas todavía vigentes de discriminación, otra cosa que me sigue llamando la atención es cómo en los últimos años se ha generado una especie de estrategia oportunista para aprovecharse del “gancho femenino”. Cualquier producto recurre a la anatomía femenina —o a las cualidades femeninas del producto en sí— para vender.

Hasta la fecha, además de la discriminación profesional, se ha producido una discriminación aún más grave: la física. La belleza femenina ha sido definida en cánones creados a partir de una mentalidad totalmente sexista. Estoy convencido de que ha llegado el momento de formular un cambio radical, y esto tiene que empezar por las mismas mujeres, no solo por los hombres. La belleza real se encuentra en la diversidad de formas, tallas, edades y sexos. La verdadera belleza es la tolerancia, la visión abierta de la vida, del sexo y de la estética. Todas las mujeres, en diversos aspectos de la vida, definen cada día el significado de la belleza, ya que no es una noción singular. La belleza está en todas partes, en todas las mujeres y en todos los seres.

La sociedad nos enseña a través de los medios de comunicación a canalizar el concepto de belleza de forma instrumental. Yo siempre he creído que una de las claves de la educación debería ser enseñar a todos a apreciar lo que tenemos y lo que nos rodea.”

Esa cena fue para mí una magnífica experiencia de la cual aprendí mucho y que se ha repetido a lo largo de los últimos años. La igualdad comienza por vosotras mismas. La perfección NO existe. Se puede ser buenas madres y profesionales o sencillamente hacer lo que os apetezca y os haga más felices. ¿De que sirve intentar hacer todo lo que la sociedad espera de vosotras si al final no os sentís realizadas?

El éxito en la vida es: SER FELICES. Cada una lo es de forma diferente. A por ello.