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La curva del cambio

No creo que Alejandro Sanz se moleste, si digo que lo primero que me dijo (al enterarse ‘el mundo’ que esperaba un bebé durante ‘La Voz 3′) y con un gran y sentido abrazo, fue: “Te va a cambiar la vida, nunca jamás volverás a ser la misma, es lo más maravilloso… ya verás”.

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A ver, yo soy de Bilbao, y los bilbaínos somos animales de costumbres. Admito que no soy buena aceptando cambios, y eso que no hay nada más cambiante que mi rutilante trabajo en televisión… Hoy estás aquí y mañana allí, pero eso es en lo laboral, a mí me gustan las cosas ‘como siempre’, ¡al menos en casa! Y resulta que se avecinan cambios bruscos en el territorio familiar… Y ya que los cambios van a ir llegando, ¿por qué no disfrutar del proceso?, me pregunto yo. Así que, ¿cómo se prepara una para el cambio más importante de su vida?

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Para empezar, la naturaleza es sabia y gracias al Universo, nos conceden a las parejas 9 meses (que en realidad son 10, que no os engañen) para hacernos a la idea, y ¡menos mal! Porque como decía aquel anuncio de Johnson&Johnson: “Un bebé lo cambia todo”. De repente, has de cambiar todo tu mundo: la casa (porque no hay cuarto para el bebé), el coche (¡porque es un 3 puertas!) y hacerte con el ‘maxi cosi’, la hamaca, la cuna, el cambiador, los pañales, el moisés, la trona, biberones, chupetes, mantas, la bañera y todos sus pijamas, gorros y demás accesorios infantiles.

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O sea… toda tu vida cambia… y para siempre (tan tan tan taaan….) porque ser madre (como le encanta recordarme a mi propia madre) es de esos papeles que no tiene botón de apagado, el resto de roles: hija, hermana, amiga, presentadora, reportera, cocinera, escritora, ciudadana, etc., tienen OFF. Pero una vez eres madre, eres madre en ON a tiempo completo… y eso da #miedito o al menos #respetito.

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Era yo (hace décadas) de esas jóvenes modernas que se apuntaban a la ‘revolución’ de ‘no tener hijos’ y de no ‘casarse’ tampoco, por supuesto. Y ahora, me miro, me veo… no abarco mi circunferencia porque ya estoy de veintitantas semanas de feliz embarazo y llevo ya 3 años casada con el mejor hombre (para mí). La vida, mucho me temo, es evolución, desarrollo e inevitablemente cambio y yo, señoras y señores, damas y caballeros, he cambiado y ahora abarco la vida con un gran abrazo en toda su enorme y vital circunferencia.

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Antes me costaba enamorarme y ahora… ahora soy una bomba de hormonas en plena efervescencia, ¡una sentimental máxima total! (Como diría Ylenia) Siento AMOR en mayúsculas por alguien a quien ni conozco siquiera… Adoro sus pataditas aunque a veces me hagan daño, o me hagan cosquillas, adoro hasta que me haga ir al baño cada media hora (yo antes era tipo camello, jamás iba al baño), adoro saber que su mera existencia, aunque sea una lata de niño (que no lo sé todavía pero mi madre me hizo un maleficio y me dijo que ojalá tenga un niño como yo, ¡para que sepa lo que es! jajaja) me ayudará a ser mejor persona. Creo que el cambio más gordo que sufre una mujer, al ser madre, es el tamaño del corazón… se expande y se cuadriplica… como un cereal en leche… aumenta enormemente la capacidad de amar. Además, los científicos dicen que tener un bebé es un muy parecido, a nivel neuronal, a enamorarse, confío en que tengan razón y que así sea, recibiré a mi bebé con los brazos abiertos y dispuesta a enamorarme incluso más si cabe, de él. Alguien dijo una vez que la maternidad es como descubrir una preciosa e inmensa habitación en una casa que ya conoces, pues estoy deseando conocer esa estancia tan acogedora en mi vida.

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Y ya sin ser tan moñas, no quiero ni hablar de la cantidad de cambios que sufre el cuerpo femenino a través del embarazo, sin ir más lejos, hoy en la ducha se me ha metido jabón en la boca y al escupir, me he dado a mí misma en plena barriga, ¡lo que cual me ha hecho morirme yo sola de la risa! Obvio que no es por puntería sino por tamaño del bulto del bebé. No voy a enumerar la larga lista de cambios físicos evidentes, ni voy a ahondar más en el cambio de paradigma que significa ser mamá… Solamente os diré esto: a mi preciosa barriga, últimamente la llamo cariñosamente… “La Curva del Cambio” y ya sabéis por qué…

Tania Llasera