Es época de viajar…

¿Cómo están ustedes?

¡¡¡Bieeeeen!!!

No podría estar de otra manera, en pleno julio y con días libres para poder hacer una de las cosas que más me gusta. Viajar.

Época en la que aprovecho para ir visitando a amigos que están fuera y de paso darme una vuelta por otras ciudades. No puedo decir que no haya viajado éste año, porque la verdad, es que con mi gira teatral, en realidad no he estado en casa prácticamente nada. Pero soy un culo inquieto y una persona curiosa, deseosa de conocer otros lugares. Así que me lío la manta a la cabeza y a viajar. Éste verano me esperan diversos destinos, tengo muchas opciones y diferentes rutas, sólo me queda organizarme en el tiempo, decidir qué hacer primero y ponerme manos a la obra.

Lo primero que hago, es visitar la página oficial del país que voy a visitar. Hay que  revisar los requisitos necesarios para entrar en el país. En uno de mis viajes me quedé tirada en Bangkok 6 días sola, por un asuntito con mi pasaporte, que me podría haber evitado si me hubiera informado bien. Con el país en revueltas, incluso llegaron a cerrar el aeropuerto horas más tarde de que lograra volar a Bali, mi destino inicial. Así que una y no más Santo Tomás.

Lo segundo, es mirar la previsión del tiempo y el clima, así puedo hacer un equipaje acorde con el lugar que voy a visitar. De esa forma no me llevo sorpresas, y voy bien equipada. En una ocasión mi amiga Belén y yo nos adentramos en una selva de Costa Rica en bikini. Nos cruzamos con un grupo de turistas que iban perfectamente equipados con sus pantalones largos y sus camisetas de manga larga, sus botas de montaña, apesar del calor que rajaba las piedras. Nosotras íbamos tan monas y tan fresquitas recién salidas de la playa. Ellos nos miraban como si fuéramos unas locas y efectivamente lo estábamos. En el momento más tierno donde observábamos a unos monos saltar de un árbol a otro, Belén soltó un alarido…y al momento supe cuál era el motivo. Estábamos siendo atacadas por unos moscones enormes dispuestos a sacarnos toda nuestra dulce sangre española. Corrimos con la esperanza de que se cansaran de nosotras…finalmente, así fue. Ante la mirada atónita y burlona de aquellos guiris uniformados de Coronel Tapioca, seguimos nuestro camino con lo puesto, pero ya no íbamos tan monas, nuestra piel lucía picotazos en cada centímetro.

Por eso, es muy importante llevar en cada lugar lo que se debe. Y no investigar a la aventura lugares desconocidos. Aquél dicho de ” donde fueres, haz lo que vieres” es por algo. A nosotras por suerte no nos pasó nada, pero podría haber salido mal.

Cuando viajas te pasan millones de cosas que debes solucionar al momento y con lo que tienes encima. Yo suelo ir ligera de equipaje. Quizás demasiado. O eso opina mi madre. La coquetería me la dejo en casa y saco mi lado más práctico. Es cuando te das cuenta de que se puede sobrevivir con muy poquito. Unos cuantos conjuntos de ropa que sean cómodos. Siempre me llevo un chubasquero, porque es ligero, no ocupa nada y te salva de las lluvias tropicales. Las zapatillas de deporte para hacer un running, cremas solares, algún medicamento que te solucione en caso de que caigas enfermo y poco más.

Vaciar la mochila para llenarla de vivencias, experiencias, recuerdos que te harán aprender y crecer. Mezclarte con la gente, con la cultura y empaparte de otras maneras de vivir.

¡Salir de nuestra confortable burbuja!

Aunque cuando viajé a Sri Lanka sola, en mi obsesión por mezclarme con la gente, llegué a una zona donde la única rubia era yo. Donde todavía estaban reconstruyendo el desastre que había dejado el Tsunami, y hacía poco que había terminado la guerrilla. Había militares en cada palmera. El ambiente era un poco inquietante, pero decidí ir hacer una inmersión de buceo con el convencimiento de que allí coincidiría con algún turista. Cuál fue mi sorpresa que en la barquita sólo estaban los dos cingaleses encargados y yo, mar adentro en busca de un punto de buceo que ni ellos encontraban. En es momento pensé:” te pasaste…con lo bien que estarías tu ahora en un hotel con la pulserita de todo incluido, en la piscina y sin pensar en nada”. Al estar lejos, el desconocimiento te hace sentir más vulnerable. Yo sólo veía que nos alejábamos de la tierra mar adentro y me empezaron a entrar los 7 males. Pero la inmersión fue preciosa, en un barco hundido lleno de todo tipo de animales marinos y corales. He de reconocer que el hecho de que no tuviera que rellenar ninguna formulario de PADI me hacía pensar que cualquier cosa que me pasara allí abajo, no constaba mi nombre por ningún lado y eso me hacía sentir más desprotegida. Pero finalmente mereció la pena y si hubiera hecho caso de mi miedo me hubiera perdido esa experiencia tan maravillosa.

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La cabeza a veces nos juega malas pasadas y nos monta unas películas dramáticas o de terror que están muy lejos de lo que luego resulta vivirlas. Además, gracias a Dios, con el tiempo se convierten en comedias.

No hay que tener miedo. Hay que atreverse a hacer cosas, pero por supuesto siempre con cautela.

Éste verano les propongo que viajen, que se mezclen con la gente, que vacíen las mochilas para caminar ligeros, que sonrían, y que se atrevan a VIVIR… al fin al cabo es a lo que hemos venido aquí…a VIVIR!

¡¡¡PASEN Y VIAJEN!!!

Kira

Nos seguimos mirando en Twitter e Instagram

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“UN BUEN VIAJERO NO TIENE PLANES FIJOS NI LA INTENCIÓN DE LLEGAR”

LAO TSE

 

 

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