El maravilloso mundo submarino

Adoro bucear.

Desde pequeña me atraía la sensación de paz que vivía cuando estaba bajo el agua. Intentaba aguantar la respiración todo lo que podían mis pequeños pulmones , imaginando que era una bella sirena descubriendo las sensaciones de calma que allí abajo se vivían.

Ese “silencioso” sonido del agua moviéndose con lentitud. Los pececillos, si estaba en el mar…o los pelillos que pasaban delante de mí, si estaba en una piscina. Los reflejos del sol eran distintos. Me entretenía apreciar los diferentes sonidos con mis oídos jugando a hundirme o manteniéndome a flote…lentamente…

Intentaba aumentar el número de piscinas que lograba hacer sin respirar…-”Soy Piscis”- decía orgullosa. Y como buena piscis, me muevo como “piscis” en el agua, si es que tengo una guasa…!

Por eso cuando crecí y tuve la oportunidad de profundizar en los mares, me saqué el título de buceo.

Fue en Bali. He de reconocer que entré por la puerta grande en el mundo del buceo, porque mis primeras inmersiones estuvieron llenas de corales de colores y todo tipo de animales marinos bellísimos.

Recuerdo con cariño una de las primeras que hice en Tulamben, Bali. Un pecio de la Segunda Guerra Mundial. Era impresionante bucear en él, los rayos del sol se metían entre los camarotes, podías entrar por lugares del barco que sabes que tienen historias allí hundidas, impresionaba muchísimo.

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Una de las cosas que me gustan del buceo es que una vez empiezas a bajar, no hay vuelta atrás. Comienza una especie de meditación y relajación, pues cualquier cosa que te pase allí abajo, lo tienes que gestionar con calma y lentitud. No puedes subir rápido porque pondrías tu vida en peligro, así que no te queda otra que aflojar los miedos. Todo se reduce a ir despaaaacio y leeento.

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En Tulamben pude ver un jardín de anguilas, un banco de barracudas de metro y medio de las más grandes del mundo, que tienen unas caras de enfadadas… y de mil especies pequeñas y galácticas que no sabes que son, pero existen. El mundo subacuático es un espectáculo. A veces estás deseando ver peces grandes y es maravilloso entretenerse viendo todos aquellos seres minúsculos y extraños, pero bellísimos.

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- Otra inmersión que recuerdo como aventura fue en las Islas Gili. Es un lugar con muchas corrientes, pero que no hace falta bajar muchos metros para alucinar en colores. Allí aprendí a  navegar con la corriente, que es como si estuvieras volando…y al revés, cuando quieres avanzar y la corriente no te lo permite, estás siempre en el mismo sitio a pesar de estar moviendo las aletas. Y ví mi primer tiburón. Cuando estas en la superficie la palabra tiburón te da respeto y un poco de miedo, pero ahí abajo cuando te hacen la señal de tiburón, lo recibes con una ilusión tremenda y los ojos se te ponen como platos para no perderte detalle. Era un tiburón precioso, se movía elegante y majestuoso.

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CON MI AMIGO SALVA, AL QUE ADORO Y EL QUE ME INICIÓ EN EL MUNDO DEL BUCEO, FELICES TRAS NUESTRA INMERSIÓN EN GILI

 

- Durante mi viaje en solitario por Sri Lanka también disfruté de sus fondos marinos, en el post “Es época de viajar”  ya les conté mi anécdota para despejar los miedos que pueden volver a leer clicando en el título. Es por no repetirme ;)

- Y la más reciente fue éste verano en Australia. También iba sola, sin un amig@ cómplice con quien compartir la aventura. Fue en Julian Rocks ( Byron Bay) uno de los 10 puntos más bonitos del país para bucear. Sobre todo por la cantidad de “bichos grandes” que allí se encuentran.

El día amaneció con una gran tormenta. Con la excursión pagada ya no me podía echar atrás. Además que a mí me va la marcha. Así que para allá fuí. La verdad que yo me imaginaba un día soleado y tranquilo para mi día de buceo, pero nada se acercó lo más mínimo a mi deseo. Mientras íbamos en la barca hacia el punto de bajada con una gran tormenta de rayos, lluvia y oleaje fuerte yo pensaba: ¿Por qué, Kira? ¿qué necesidad? Y de pronto vinieron unos delfines a darnos la bienvenida, así que pensé que a pesar de todo, iba a ser especial. Y así fue. No destacaría la inmersión por su claridad puesto que las aguas no eran cristalinas, pero sí la gran variedad de peces con las que pude compartir un poquito de mar. Mantas, tortugas, tiburones leopardo, diferentes peces de todo tipo…mis ojos curiosos y emocionados no paraban de observar en todas direcciones. ¡Aquello era como un verdadero parque de atracciones submarino!

Fue una de las experiencias más maravillosas que he vivido.

KIRA AUSTRALIA

HOLAQUEASE….

Y una vez más sentí la felicidad de vivir por un rato en los fondos marinos donde me siento en calma.

Les animo a bucear la vida…

¡¡¡PASEN Y BUCEEN!!!

Kira

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“EN MAR CALMADO TODOS SOMOS CAPITANES”

JOHN RAY

 

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